Luna, luna, luna… (…dame salud y fortuna)

Luna, luna, luna...
Tapa del libro «Luna, luna, luna… (…dame salud y fortuna»

Libro Autobiográfico

Autor: Mercedes Echevarrieta de Rabini.

Colaboración: Isabel V. Krisch

Año: 2009.

Características:
Formato: 15x21cm. 432 páginas en papel ilustración de 90 grs. a 4 colores. Tapas a 4 colores sobre papel ilustración de 350grs., terminación laminado brillante.

Cantidad: 500 libros.

Sinopsis: Describe la historia de la autora y su familia. Posee una gran cantidad de fotos.

 


Posfacio

(extracto del libro)

Mi historia con la familia Rabini se remonta a febrero de 2003. Estaba yo sentada en un micro que me traía desde la ciudad de Mar del Plata, al lado de un señor con quien entablé una charla tan amena, que hizo aquel trayecto de poco más de cuatrocientos kilómetros, en verdad, rápido; y, sorpresivamente interesante. El señor era Antonio Rabini.

Lo recuerdo con detalle y, en particular, porque fue el comienzo de mi escritura narrativa. Si bien siempre escribí, y hacía algunos pocos años que había empezado a editar; hasta ese momento sólo abordaba la poesía como manera de expresión. ¿Cómo podría olvidar, entonces, que fue Don Antonio, quien confió en mí para desarrollar su historia de vida?

Plasmado ese libro, después de más de dos años de trabajo, intensos y sumamente agradables, y gracias a su difusión, tuve la posibilidad de escribir otro, de alguien no relacionado a su familia. Hoy, hay algunas biografías que esperan la oportunidad y mi tiempo. Tal es el camino que se me ha abierto y que bendigo.

Pero grande fue mi sorpresa y mi alegría cuando fui llamada para escribir la vida de Mecha.

Mercedes Echevarrieta, que vivió al lado de Don Antonio y que construyó con él la maravillosa familia que poseen, tiene una vida con igual intensidad, llena de experiencias ricas y profundas; y merecía, según mi criterio, un volumen propio, diferente, personal y detenido como éste.

La voz de Mecha es una expresión femenina, delicada, de una intensa calidez. Queda demostrado en este libro la extraordinaria generosidad que significa ponerse, concientemente, detrás de alguien y desarrollar la vida. El que lea con detenimiento verá, que la generosidad de la que hablo es decidir ser el sostén de un hombre y por ese desprendimiento allanarle el camino, incluso claudicando de los dones propios, del tiempo propio.

Mecha es una mujer de una inteligencia poco común, instruida y fina. Se puso a disposición de su familia, con total entrega, realizando el mayor esfuerzo para propiciar su felicidad, porque la dicha del entorno ha sido su propia dicha.

Así, fue puntal desinteresado y paciente. Fue el ojo atento, el límite y la firmeza. La creatividad y la dedicación. Y a pesar de que ejerció su oficio de maestra poco tiempo, ejerció la docencia dentro del hogar y con cada uno de sus seres queridos. Los resultados están a la vista. Es, sin duda, la base del éxito.

Se dirá que Mecha es parte de una educación, de una época donde la mujer se debía al hogar, y esto es cierto. Pero son pocas las que han sabido, con un “saber de sabio”, hilvanar cada elemento constructivo, cada valor, cada ingrediente necesario para la convivencia armónica y posible, dando lo mayor que se puede dar, desinteresadamente: el amor incondicional.

Pudiéndose explayar de sus trabajos, de sus dones para el canto o para la pintura, de su creatividad o de sus logros solidarios, ella prefirió en este volumen contar largas historias de sus seres queridos, amigos y afectos, con detenimiento. Esto también es muestra de su espíritu desprendido.

En el núcleo de sus afectos ha sido y es una mujer y una madre muy querida. Respetada. Digna. Y haber generado tanto reconocimiento es el indicio de algo muy fuerte. Soy testigo de ello en estos años y de los valores sólidos que posee y que quisiéramos dejarles a nuestros hijos. Una madre puede entender a otra madre, perfectamente, pero muy distinto es imitar su entrega.

Conocer a Mecha, fue para mí, en particular, de un gran aprendizaje. Hace poco tiempo, muy poco, perdí a mi madre, último ser de mis lazos sanguíneos que me precedieron. A partir de allí siento (a pesar de mis años, que no son pocos) una verdadera orfandad. Por eso, quiero dedicar a Mecha mi gratitud y mi reconocimiento permanentes. Sumo a la imagen única e irrepetible de mi madre, que llevaré siempre en mi corazón, la suya como referente ético y como ejemplo de vida.

Con todo mi cariño

Isabel Krisch

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